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Se acaba de
desatar una nueva polémica, al publicarse un editorial conjunto
de varias de las revistas más prestigiosas (New Englad Journal of
Medicine, Lancet, Annals of Internal Medicine y otras, véase por
ejemplo NEJM 2001;345:825-827, en www.nejm.org).
El control que la industria farmacéutica ejerce sobre el desarrollo
de los nuevos fármacos, se extiende a la publicación selectiva de
los resultados, lo que puede verse favorecido por un traspaso del
propio proceso investigador desde los hospitales y las universidades
hacia agencias independientes, especializadas en el desarrollo de
ensayos clínicos (CROs), tal vez demasiado “dependientes” del que
financia el estudio. Sin duda, hay algunos estudios recientemente
publicados que sugieren que éste puede ser el caso en muchas circunstancias
(véase por ejemplo BMJ 2001;323:253). No es ajeno a ello
que los diseños se hacen a veces más para satisfacer a las agencias
reguladoras, que para responder a las cuestione relevantes clínicamente.¿Cuáles
pueden ser las vacunas para esta enfermedad?. Probablemente varias.
El rigor individual de los investigadores debe completarse con una
implicación cada vez más comprometida de los Comités de Ensayos
y Ética de los Hospitales, y con una reorientación de las autoridades
en dos sentidos diferentes. Por una parte debe definirse el marco
legal atendiendo escrupulosamente a los derechos de los pacientes
(lo cual implica un rigor científico exquisito); y por otra parte
se necesita un cambio en las agencias reguladoras que deben ser
más independientes y menos asequibles a la presión de las grandes
industrias farmacéuticas, grupos con un poder económico cada vez
mayor. Los médicos, máxime si tenemos alguna aspiración científica
por modesta que sea, debemos ser protagonistas en estos momentos.
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