10 AÑOS DESPUÉS


Malignancy in coeliac disease-effect of a gluten free diet.  

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Holmes GKT, Prior P, Lane MR, Pope D, Allan RN. 
Gut 1989, 30:333-338.

Artículos recientes (Humbert P, Yuste R. Nuevos conceptos sobre la enfermedad celíaca. Gastroenterol Hepatol 2000;23:290-299; Fasano A, Catassi C. Current approaches to diagnosis and treatment of Celiac Disease: an evolving spectrum. Gastroenterology 2001; 120:636-651; Ciclitira P. AGA Technical Review on Celiac Sprue. Gastroenterology 2001;120:1526-1540) subrayan la importancia creciente que la sensibilidad al gluten, o como la hemos conocido anteriormente, la enfermedad celíaca es un trastorno con cada vez mayor importancia.  No sólo porque algunos estudios sugieran que hasta 1 en 200 personas padezcan alguna de las variantes de la enfermedad (Catassi C et al Why is coeliac disease endemic in the people of the Sahara? Lancet 1999;354:647), o porque el espectro de enfermedades asociadas sea cada vez mayor (véase Gastro 2001;120:636), o todavía de forma más interesante por el modelo de enfermedad que representa con una mezcla de componentes genéticos (ligados o no al HLA), ambientales (infecciones?), y la necesidad de un desencadenante externo como el gluten; sino porque podría ser una enfermedad premaligna en la cual el tratamiento podría evitar la aparición del cáncer.

Aunque todavía hay muchos datos controvertidos y por explorar (ver Marsh M, Coeliac Disease, Blackwell Scientific Publications, Oxford 1992) este artículo de Holmes ha proporcionado la evidencia más importante sobre la eficacia de la dieta sin gluten en la prevención de las complicaciones malignas, y continúa siendo la referencia fundamental.  En este estudio se revisaba la experiencia de una Unidad que seguía untotal de 210 pacientes durante 11 años.  En este estudio, si bien era retrospectivo en diseño, se demostraba una incidencia superior de cualquier tipo de malignidad asociada a la enfermedad celíaca en aquellos pacientes que no seguían la dieta sin gluten.  Es más, había una relación cuantitativa puesto que cualquier diferencia significativa con la población general prácticamente desaparecía en aquél subgrupo de pacientes que no sólo seguía la dieta sin gluten, sino que llevaba más de cinco años con una dieta correcta. Aunque faltan estudios controlados, todos los datos anecdóticos o no confirman las conclusiones de este estudio de Holmes et al: así, la incidencia de linfomas en casos de adultos que no reciben el tratamiento correcto se sitúa en el 10% aproximadamente (Swinson CM et al, Lancet 1983; 1:111). Por el contrario, cuando la dieta se instituye en la infancia y se sigue estrictamente la incidencia de tumores malignos digestivos es idéntica a la de la población general (Logan RFA et al Gastroenterology 1989;97:265).  Algunos estudios recientes indican que un tercio de los linfomas T intestinales que se diagnostican ya como tales se dan en pacientes con enfermedad celíaca no diagnosticada, confirmando las hipótesis de los estudios citados (Johnston SD, Watson RG, Eur J Gastroenterol Hepatol 2000; 12:645). 

Una pregunta para el futuro: ¿Habrá que buscar la enfermedad celíaca en la población general?.

 

   

 

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